Hay días en los que toca dejar de ser uno mismo y ser uno más, con sus miedos, sus nervios, sus inseguridades y sus genialidades. Caminar bajo la lluvia sin preocuparse por llegar a casa empapado. Me intento engañar, pero últimamente no puedo entender que lo que hay a mi alrededor no esté controlado por mi, así que prefiero quedarme quieto y esperar a que pase la tormenta. Dicen que el ojo del huracán es el punto de calma absoluta. Calma aparente.
17 de noviembre de 2009
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