Qué tiempos aquellos en los que Barajas recibía a gente con mayúscula, famosos que lo eran aún sin posar desnudos en la revista de turno o sin haber aparecido en los realities de la cadena amiga. En los 50 una jovencísima Sophia Loren llegaba a Madrid, descendía por la escalerilla del avión y se le entregaba un ramo de flores. Ahora, que Melendi monte el pollo en un vuelo a Méjico y haya que dar la vuelta, no resulta tan sorprendente. Nos hemos acostumbrado a los nuevos famosos, la mayoría salidos de experimentos televisivos en los que se construye una casa que dicen que es la de tu vida, buscas un granjero que te saque de pobre o te dedicas a hacer nada mientras todo el país lo sigue en directo. Ya lo decía Mecano, andamos justos de genios.


Los Beatles llegan a Madrid en 1965

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