16 de marzo de 2009

Your happiest day ever

Qué curioso es el arte de recordar. Con el tiempo, nos quedamos con determinados momentos, no tienen por qué ser siempre buenos ni malos, ni tampoco siempre recordamos lo que realmente pasó. Pero nos quedamos con esos recuerdos y no con otros. Puro capricho.

[...]

"Podría recordar tantas cosas de aquella ciudad..." - me decía mientras tomábamos café - "los atardeceres, los viajes en tranvía, los tejados de las casas desde el mirador de Santa Lucía, la fábrica de azulejos o..." - hizo una pausa y empezó a sonreír - "el elevador que nunca llegamos a encontrar y que acordamos que, si nos preguntaba alguien, diríamos que era una visita obligada". Se quedó callada y miró al suelo. "¿Sabes? lo que realmente me queda de todo aquello, es su sonrisa. Cómo sonreía detrás de la cámara mientras me pedía que pusiese caras para la foto."

Recuerdos de una ciudad. Esos, y no otros.

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