Para que algo sea merecedor de un post debe reunir una serie de cualidades que, en el fondo, no sabría decir exactamente cuáles son. Hay cosas que simplemente tienen que ser posteadas, y otras que son demasiado... (aquí iría un adjetivo que está aún por encontrar) para poder describirlas con palabras. Todo un mundo. El problema es cuando das con algo que merece ser posteado porque sí, porque por algún motivo, se te escapa.
Él reune todos los requisitos. Se me escapa.
La Ministra de Obsesiones fue como un punto de inflexión en todo esto que aún me tiene loco. O que un loro haga de perro, pero se me escapa más aún que un loro haga de loro. Los pensamientos profundos en voz alta, que dan mucho que pensar. Pero estos necesitarían un blog aparte. La zona sur, Móstoles, Moraleja de Enmedio... debe de tener algún tipo de encanto oculto que está aún por descubrir (estoy seguro de que lo tiene, y el reto de encontrarlo es muy emocionante). La economía, los pisos, el euribor ese, los ninjas, el ipc y demás, todo un mundo paralelo por descubrir. El problema de los madrugones y un horario propio perfectamente argumentado. El darse cuenta de que una continua tomadura de pelo era una forma de ser fue la clave de todo. Imitar absolutamente cualquier cosa posible. El puteo en general. Es, no se, una forma de verlo todo tan peculiar que resulta digno de un hueco en este blog. La correspondiente coña sobre este post, merecerá otro, seguro...
No podía ser de otra forma, este personaje merecía un post. Pero luego me di cuenta que no era yo el único que lo pensaba...
4 de febrero de 2009
Ya tu sabes
Publicado por Luis
Etiquetas: Conversaciones, De todo un poco, Idolos
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