12 de enero de 2009

Habrá que esperar a mañana

De repente y sin saber por qué, todo empieza a agitarse muy rápidamente, como una lavadora cuando centrifuga. Puedes esperar cualquier cosa, desde un simple suspiro de alivio a una cara desencajada. Pero lo mejor es, sencillamente, no esperar nada. Dejarse llevar.
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Estos últimos días me han traído unos cuantos recuerdos nevados: la subida a los Lagos de Covadonga en Asturias, la Laguna Negra en Soria, toda nevada, los mercadillos de Navidad en las calles de Berlín... Es curioso como muchos de nuestros recuerdos llevan asociados las condiciones meteorológicas del momento. La experiencia me dice que es mejor no depender de la predicción. Improvisemos. ¿Qué pasará?

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