Empezaba a soplar el viento del Atlántico en la Praça do Comércio, serían las siete y media de la tarde de aquella última noche en Lisboa. Decidimos repetir en el self-service del centro comercial de Chiado, era un sitio muy normal, pero la camarera nos había vendido su bacalao con tanto entusiasmo que solo su cara de satisfacción merecía una segunda visita.
Para ser un restaurante sin ningún tipo de gracia, gozaba de unas de las mejores vistas de la ciudad desde los balcones: se identificaba perfectamente la Praça do Rossio, la estación, el elevador de Santa Justa e incluso se distinguían los flashes de las cámaras disparándose desde el mirador del Castello de San Jorge situado en la otra punta de Lisboa.
El elevador de Bica nos llevó al barrio alto, y tuvimos que correr por toda la Rua Garrett para llegar a tiempo al concierto de fados al aire libre que habían organizado en el Convento do Carmo. Por un momento, me olvidé de la música y recordé el final de su película favorita: "Que bien, que bien Lisboa".
27 de enero de 2009
204: Timeless room
Publicado por Luis
Etiquetas: Viajes
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario