17 de octubre de 2007

Baldosas amarillas


Aparentemente iba a ser una tarde más de Domingo, dar una vuelta por Madrid para aprovechar las primeras tardes del verano. La plaza del 2 de Mayo de Madrid no te puede dejar indiferente con la luz del atardecer. Aunque bien pensado, hacerse amigo de un espantapájaros sin cerebro, un hombre de latón y un león no es que tenga demasiado glamour. Los cuatro juntos decidimos emprender un viaje, aunque no teníamos muy claro a donde queríamos llegar y qué queríamos conseguir. No había deseos que pedir ni castillos que encontrar, además, yo por lo menos, no había perdido nada en ningún sitio, ni tenía que recuperar nada ni a nadie. Pero todo parecía ser fiel al guión, y terminé por encontrar al Mago siguiendo las baldosas amarillas. Lo mejor, que no me tuve que despedir de mis 3 acompañantes.

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